La economía venezolana después de los terremotos
Antes de los terremotos del 24 de junio, la discusión económica venezolana estaba concentrada en una pregunta relativamente optimista: ¿cuánto podía crecer la economía este año?
El rango de conversación se movía entre 6%, 8% o incluso 10%, apoyado en una mayor producción petrolera, más disponibilidad de divisas, cierta estabilización cambiaria y recuperación del consumo privado.
La tragedia cambió el mapa.
La pregunta ahora es distinta: qué retos aparecen bajo estas nuevas condiciones y qué necesita hacer el país para evitar que el shock se convierta en una trampa económica más larga.
Menor crecimiento y más presión sobre el consumo
El escenario de crecimiento para 2026 fue revisado a la baja. La estimación citada por los autores ubica el crecimiento del PIB alrededor de 5,8%, por debajo de las proyecciones previas.
El consumo privado, que venía siendo uno de los motores esperados del año, también se ajusta: de una estimación cercana a 7,2% pasa a 4,3%.
Ese cambio refleja un impacto importante sobre consumo, servicios y logística en las regiones afectadas. En un país donde muchas empresas operan con márgenes estrechos, cualquier interrupción de movilidad, inventario, distribución o actividad comercial se siente rápido.
La inflación vuelve a ser el golpe más inmediato
El impacto más directo para hogares y empresas está en el costo de vida.
La inflación, que ya se proyectaba en niveles muy elevados, podría cerrar el año alrededor de 350%, según la lectura de los autores. Eso devolvería a Venezuela al peor lugar del mundo en materia inflacionaria.
Los terremotos agregan presiones adicionales: escasez localizada en algunas zonas, mayores costos logísticos, más demanda de divisas para importaciones de emergencia y expansión del gasto público para atender la crisis.
Si ese gasto se financia con emisión monetaria, la presión sobre precios y tipo de cambio puede intensificarse.
Reconstruir cuesta más que reparar
El costo económico del desastre es considerable.
Las estimaciones preliminares del PNUD apuntaban a daños físicos directos por US$ 6.700 millones. Los autores elevan su estimación a unos US$ 9.000 millones.
Cuando se incorporan interrupciones de negocio, producción perdida, logística afectada y otros efectos indirectos, el costo total podría ubicarse entre US$ 10.500 millones y US$ 12.200 millones.
Pero reconstruir no es simplemente reemplazar lo destruido. Requiere coordinación, financiamiento y capacidad de ejecución.
Por eso la necesidad total de recursos para reconstrucción se estima entre US$ 12.000 millones y US$ 15.000 millones, una cifra muy por encima de la capacidad fiscal actual del Estado venezolano.
El petróleo no fue el epicentro, pero sí queda bajo presión
El impacto directo sobre la industria petrolera parece limitado. Las zonas más golpeadas no coinciden con los principales polos de producción de hidrocarburos, ubicados en Zulia, la Faja del Orinoco y regiones orientales.
Eso reduce la probabilidad de un shock petrolero inmediato.
Pero el sector no queda aislado del problema. La presión aparece por otra vía: competencia por divisas y espacio fiscal.
El Estado depende de ingresos petroleros para sostener gasto ordinario, intervenir el mercado cambiario, atender necesidades básicas y ahora financiar emergencia y reconstrucción.
La expectativa de producción para cierre de año se mantiene cerca de 1,3 millones de barriles diarios, sin un salto significativo frente a los niveles actuales, aunque todavía por encima del promedio del último trimestre de 2025.
Las instituciones pesan más que la magnitud física
Una de las ideas centrales del artículo original es que la magnitud física de un terremoto no explica por sí sola el daño económico final.
La diferencia la hace la fortaleza institucional previa.
Chile, después del terremoto de 2010, sufrió daños relevantes, pero logró recuperarse en pocos años gracias a capacidad fiscal, instituciones técnicas y coordinación.
Haití, golpeado ese mismo año por un sismo de menor magnitud, acumuló pérdidas enormes frente a su PIB y quedó atrapado en una trayectoria de recuperación mucho más larga.
La comparación no es académica. Para Venezuela, el problema no es solo cuánto se dañó, sino cuánta capacidad institucional existe para ordenar la respuesta, administrar recursos y atraer financiamiento.
Cuatro fuentes para reconstruir
Con necesidades de US$ 12.000 millones a US$ 15.000 millones, el sector público no puede hacerlo solo.
La reconstrucción necesita apoyarse en cuatro pilares: cooperación internacional, organismos multilaterales, inversión privada y sociedad civil organizada.
Pero el dinero no basta.
La experiencia comparada muestra que países con daños físicos menores pueden tardar más de una década en recuperar capacidad productiva si sus instituciones son débiles. En cambio, economías con daños mayores pueden reconstruir más rápido si existe coordinación entre Estado, sector privado y organismos internacionales.
La transparencia como puente
La pregunta final no es solo cuánto dinero llegará.
También importa cuánta transparencia habrá en el uso de los recursos, cuánta coordinación existirá entre Estado, sector privado y cooperación internacional, y cuánta legitimidad institucional acompañará el proceso.
Esos factores definirán si Venezuela repite el patrón de una recuperación lenta o si aprovecha la ventana que abrió la emergencia para construir acuerdos más amplios.
Ningún programa de reconstrucción de esta escala será sostenible sin respaldo político y social.
Los autores plantean que Venezuela necesita renovar pactos nacionales, superar diferencias políticas y construir acuerdos que permitan atender la emergencia con una lógica parecida, en espíritu, a grandes acuerdos históricos como los Pactos de la Moncloa en España o el Pacto de Punto Fijo en Venezuela.
La respuesta del país a este momento puede importar tanto como los recursos invertidos en carreteras, viviendas e infraestructura.
De todos los puentes que hacen falta, el más importante puede ser institucional.
Nota de atribución: esta publicación resume y adapta para lectores de Finve el artículo “Venezuela’s Shattered Post-Quakes Economy”, escrito por Asdrúbal Oliveros y Jesús Palacios Chacín para Americas Quarterly el 16 de julio de 2026.
Nota editorial: Este contenido tiene fines informativos y educativos. No constituye una recomendación personalizada de inversión ni una oferta de compra o venta de valores.